PERFIL PSICOLÓGICO DEL SOSPECHOSO DEL FEMINICIDIO DE VALENTINA TRESPALACIOS
El domingo 22 de enero de 2023, en la ciudad de Bogotá (Colombia), fue hallada muerta VALENTINA TRESPALACIOS, una D.J., de 21 años de edad.
Su cuerpo fue encontrado en un contenedor de basuras, por un reciclador, cerca al aeropuerto de la misma ciudad. Según los medios de comunicación y, las audiencias iniciadas por la fiscalía, el indiciado es su novio JOHN NELSON POULOS, un hombre de 35 años, de origen norteamericano.
A continuación, se presenta una aproximación al perfil psicológico de tal hombre, a partir de las fuentes de información ya señaladas (medios de comunicación y audiencias judiciales), sin haberla podido realizar con base en documentos personales del sospechoso (tales como historia clínica, dictámenes periciales, antecedentes de tipo personal, laboral, académico e incluso posibles antecedentes judiciales en U.S.A), ya que hasta el momento, no se cuenta con ninguno de estos, tal vez por lo reciente de los hechos.
Dicha aproximación al perfil psicológico se hace con el fin de conocer aspectos psicológicos forenses del típico perpetrador del homicidio de pareja y, profundizar así, tanto en la prevención de este delito, como en su abordaje psicológico forense.
Se aclara que, en adelante, se hará referencia al citado señor, como “sospechoso” o “indiciado”, dado que aún no ha sido hallado responsable ni, condenado por la justicia Colombiana, única autoridad facultada para declarar como culpable de esos hechos, al mencionado individuo.
Se ha de empezar por los hechos objetivos:
El hallazgo del cuerpo, la trazabilidad de los videos y el informe de necropsia suscrito por Medicina legal.
1) El cuerpo fue hallado dentro de un contenedor de basura, dentro de una maleta de viaje grande, plastificada, de color azul, con sus cremalleras cerradas, y sellada con cinta aislante negra alrededor de la maleta. La parte superior del cuerpo (cuello y cabeza), se hallaban por fuera de la maleta. Cerca del cuerpo se encontró un bolso con pertenencias y documentos de la víctima.
2) Por otro lado, la trazabilidad de los videos, muestran el ingreso de la víctima y el sospechoso a un apartamento, el viernes 19 de enero, así como diversas entradas y salidas de los dos, el sábado 20 de enero. Igualmente, muestran la salida del sospechoso en la mañana del domingo 22 de enero, en compañía, primero, de una gran cantidad de maletas y paquetes y, finalmente de un carrito de compras o mercado, donde se observa una maleta azul, en cuya parte superior sobresale una cobija de color gris, cubriendo algo en su interior.
El siguiente video, muestra al mismo sospechoso, abriendo el baúl de su carro y empacando allí dicha maleta, con la citada cobija, para luego, salir del edificio. Dos horas después, las cámaras de video, esta vez del aeropuerto, muestran al mismo sujeto, caminando dentro de ese lugar, hacia la sección de salidas internacionales. Dos días después, fue capturado en ciudad de Panamá, donde se declaró inocente y culpó del homicidio, al “cartel de Medellín” Por su parte, el informe de necropsia suscrito por medicina legal, en sus apartes más relevantes, dice que: “…Cuerpo completo, adecuadamente embalado de mujer adulta joven, vestida con faja, con brassier y media pierna, ropa interior, con signos de estrangulamiento y maniobras de ocultamiento”. “Presenta cinco surcos de presión, de color violáceo, incompletos, paralelos entre sí, en la cara anterior del cuello”. “Presentaba marcada congestión y edema facial, además de signos de trauma múltiples de tipo contundente dispersos en los antebrazos y la región sacra”, “Tenía hematomas en la mucosa labial, mejillas, y abrasiones perinasales”. Todo lo anterior, llevó a que la fiscalía capturara al sospechoso, para imputarle los delitos de feminicidio agravado, ocultamiento y alteración de elementos probatorios.
En cuanto a datos del sospechoso, se tiene que se trata de un hombre de 35 años, de origen norteamericano, oriundo de Texas U.S.A., profesional, separado (él solicitó el divorcio en 2021), con 3 hijos y, quien profesaba una religión.
Respecto de la relación con la víctima, se conoce que sostenían una relación de noviazgo desde hace aproximadamente un año, que él había viajado 3 veces a verla, una de ellas a Cancún. Para el 19 de enero de 2023, el aterrizó en Colombia, con el objetivo de empezar convivencia de pareja con ella.
Del comportamiento del sospechoso, al momento de los hechos, se conoce por testimonio de dos amigos de la víctima, que la noche del viernes 20 de enero, el sospechoso acompañó a la víctima a una discoteca, donde ella tenía “un toque como D.J.”, llegando al lugar aproximadamente a las 3:00 a.m., permaneciendo allí por una hora, tiempo durante el cual “el señor no se despegó de ella, parecía un policía”, además, “ell estaba bastante efusivo, como si hubiera consumido drogas”.
Por otro lado, la víctima había comentado a su amiga que él tenía intenciones de casarse con ella. La misma amiga negó reportes de la víctima, acerca de sentirse violentada, excepto por un extraño mensaje que envió a una aplicación de automóviles, la noche del viernes, cuando estaba con él: “auxilio, estoy en peligro”.
Los familiares de la víctima, por su parte, narraron comportamientos de celos de él, como preguntarle repetidamente donde y con quien estaba y, celarla con un hombre que al parecer le tocó una pierna. Para la noche del sábado 21 de enero, los videos del pasillo afuera del apartamento lugar de los hechos, muestran varias entradas y salidas de la pareja, así como una última salida de la víctima, cuando se asoma detrás del sospechoso, quien toma el ascensor para ir a recibir un domicilio, ella entra al apartamento y, al sospechoso, se le observa ansioso, caminando de un lado a otro, tomándose la cara y la cabeza.
Para la mañana del domingo 22 de enero y durante el ya narrado transporte del carrito de compras hacia el baúl del carro, se le nota al sospechoso, con un comportamiento frío pero afanado, curiosamente, sin ninguna intención de ocultarse de las cámaras de video, si bien portaba una gorra deportiva y gafas.
En la tarde del domingo y mañana del lunes, cuando la familia de la víctima se entera del hallazgo del cuerpo y empieza a buscar al sospechoso, este elimina su perfil de sus redes sociales, descubriéndose, además, que había salido del país rumbo a Panamá y, que tenía tiquetes comprados con destino a Brasil y Estambul, este último, donde no hay tratado de extracción. Una entrevista con personal de la empresa que le alquiló el vehículo automotor al sospechoso, da cuenta de que este le comentó que estaba en Colombia visitando a su novia y que sentía que “ella era mucho para el” y, “que había contratado un investigador privado para que la siguiera”
Ya aterrizando todo lo anterior, al plano de la Psicología forense, se tiene a un sospechoso, de 35 años, de origen norteamericano, oriundo de Texas U.S.A., profesional, separado (él solicitó el divorcio en 2021), con 3 hijos y, quien profesaba una religión. Al parecer no tenía antecedentes penales, pues no hubiese podido salir de su país, ni ingresar a Colombia.
De sus antecedentes psicopatológicos no se tiene información, así como tampoco de sus antecedentes personales, familiares, sociales, académicos, ni laborales. Sin embargo, se podría afirmar que, dado que él trabajaba en el sector financiero y había hecho una familia, al parecer tenía un grado de normalidad en el área laboral e interpersonal. Incluso, iba a una iglesia, lo cual, socialmente está asociado con personas respetuosas de los valores.
Entonces surge la pregunta, ¿qué lleva a un hombre aparentemente normal, a cometer un acto delictivo tan impactante?
La Psicología forense tiene múltiples explicaciones para ello, entre las que están la presencia de psicopatologías (tales como trastornos psicóticos, esquizofrénicos. de los impulsos, entre otros), trastornos de personalidad (como el antisocial, el narcisista, etc), el consumo de sustancias psicoactivas que unidos a la celotipia y al inadecuado control de la ira (al parecer, la víctima fue hallada con una prótesis mamaria rota, “como si él le hubiera querido arrancar la cirugía que le pagó”, dijo una amiga), lleva a la comisión de un acto delictivo, como lo es el homicidio o feminicidio.
Según la literatura al respecto, el desencadenante del homicidio de pareja, suele ser la separación decidida por ella,sin embargo, en este caso ello no encaja, pues al contrario de separarse, la víctima y el sospechoso justo en esos días daban inicio a su convivencia. Ese desencadenante suele ir acompañado de una historia de violencia de pareja (malos tratos habituales, de tipo físico, verbal, psicológico y/o sexual), conformada por múltiples conflictos de celos, posesión, control de comportamiento de la víctima, impulsividad extrema, dependencia emocional. Para el caso en cuestión, la variable de los celos al parecer si está presente, maximizado por la baja autoestima que al parecer presentaba el sospechoso, en cuanto a que sentía poco merecimiento de la compañía y afecto de la víctima.
Con estos antecedentes, difícil le quedaría al acá procesado, alegar dos situaciones de eximentes de responsabilidad penal, que suelen presentarse en este tipo de casos: La inimputabilidad o, el atenuante de la ira e intenso dolor.
En la primera, se prueba la comisión del hecho por parte del acusado pero, se prueba que cometió el homicidio, bajo el influjo de un trastorno psicopatológico que afectó su capacidad para entender el acto que cometía y, para dominar su voluntad respecto de ello. En el caso que nos ocupa, la trazabilidad de los videos muestra a un sujeto que tiene todo un escenario preparado para la comisión del delito, como, por ejemplo: a) haber alquilado el apartamento por sólo 4 días (extraño, pues supuestamente empezaba convivencia con la víctima), b) tener cinta aislante negra en un apartamento que no era de su propiedad, c) tener comprados tiquetes para dos destinados bien equidistantes: Brasil y Estambul.
En otras palabras, al parecer el sujeto entendía todo cuanto hacía, tenía comprensión de los hechos y sus consecuencias, en palabras psicológicas forenses, todo su aparato cognitivo (juicio, raciocinio, lenguaje, memoria), funcionaba normalmente como para emprender y ejecutar los actos específicos nombrados (adquisición de cinta aislante y tiquetes aéreos).
De igual manera su voluntad parece no comprometida, evidente en los videos donde el comportamiento ansioso del sospechoso, caminando de aquí para allá y tomándose la cabeza, son indicadores de preocupación, debiéndose recordar que la preocupación psicológicamente está asociada a hechos futuros, a algo que el sujeto prevé está por ocurrir.
El punto es que, si este sospechoso, ya en juicio, lograse probar que no tenía este entendimiento de los hechos ni voluntad para haberlos evitado, debido al padecimiento de alguna alteración o trastorno psicológico durante los hechos, la justicia procedería a declararlo inimputable, pues estima que no puede procesar ni condenar a una persona que no entiende por qué se le juzga.
Valga aclarar, que el Psicólogo forense se encarga de explicar cómo incidió el trastorno psicológico sobre el comportamiento del acusado al momento de los hechos, dejando en manos del juzgado, su determinación de si ello ocurrió así y, si por ende, debe declararlo inimputable. En el caso del atenuante por ira e intenso dolor, se da cuando la persona que comente el acto homicida, lo hace en un momento en que percibe un hecho lesivo para él, del cual no puede reaccionar de una manera diferente que con ira e intenso dolor psicológicos. Ejemplo típico de esto, es la madre que llega a casa y encuentra a su pareja varón, accediendo carnalmente a su pequeño hijo, por lo que procede a dar muerte al agresor. Nótese que se trata de una agresión que la señora no había previsto, que encuentra de sorpresa, que impacta tanto su pensamiento y produce tanta acumulación de ira, que solo puede calmarla, dando muerte al perpetrador de su dolor.
Resulta obvio entonces, que el sospechoso no presentaba un comportamiento compatible con “la ira e intenso dolor” iniciada en el acto, pues al parecer él viajó a Colombia solo para cometer el hecho delictivo, si se tiene en cuenta que alquiló el apartamento por cuatro días (lo cual no encaja con el inicio de una convivencia), al igual que el vehículo y, que previamente había contratado a un investigador privado que siguiera a la víctima, investigador quien al parecer le rindió un demoledor informe: su pareja le había sido infiel en Aruba, meses atrás, usando para ello, un dinero que el sospechoso le había girado. Si bien esto por supuesto causa ira, el tiempo de premeditación del hecho, hace no encajar el comportamiento del sospechoso en ese atenuante, pues el sujeto tuvo varios días, quizás semanas o meses para haber encontrado como calmar su dolor, sin acudir al homicidio de la joven.
En este orden de ideas, ningún comportamiento, reacción, alteración o trastorno psicológico, podrían respaldar un alegato de ira e intenso dolor por parte del sospechoso.
Desde el punto de vista de la Psicología forense, el caso resulta atípico, porque la relación no estaba caracterizada por algunos de los indicadores conductuales del agresor generalmente presentes: posesión, aislamiento de la pareja de familiares y amigos, recurrir a amenazas o control como medio de intimidación a la víctima, estilo de comportamiento violento en general, agresiones verbales, historia de violencia con parejas anteriores, consumo excesivo de alcohol o drogas, presencia de actitudes o creencias acerca de la subordinación de la mujer frente al hombre. Siendo atípico, le quedaba difícil a la víctima y su familia, predecir el terrible final que tendría esta relación, pues como se ha dicho, no se conocían amenazas previas de parte del sospechoso, ni miedo de la víctima a compartir o vivir con él, ni historial de agresiones, ni antecedentes personales, ni conductas típicas que ayudaran a alertar a la víctima y prever el impactante final de la vida que tendría la joven D.J., lo cual lo convierte, por ahora, en un homicidio silencioso.
Así las cosas, del sospechoso sólo se conocía la conducta celotípica que, paradójicamente, se encuentra socialmente aceptada, pues “es indicador de estar enamorado de o, interesado en”.
Para la Psicología forense, el caso resulta entonces, algo atípico, no sólo por las anteriores razones, sino porque en este momento, no se tiene certeza acerca de si en este caso sucedió lo que señala la literatura sucede con mucha frecuencia: el agresor alcanza un nivel elevado de obsesión con su pareja, tipo “mi vida no tiene sentido sin ella”, no concibiendo un proyecto de vida sin ella, llegando incluso a aislarse de su familia, amigos, trabajo, descuidándose, dejándose consumir por el alcohol o las drogas, que lo llevaran a sentir “que no tiene nada para perder”, resultando todo ello en el homicidio de su pareja.
Será en todo caso, el conocimiento de más detalles personales, criminalísticos y forenses del caso, los que podrán ayudar a explicar, qué pasó por la mente de quien finalmente cegó la vida de la joven Valentina Trespalacios.
Psicóloga forense ALEXANDRA RODRIGUEZ. Enero 31 de 2023
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